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Revista Perspectiva / Febrero 2010

Delitos económicos: "Por el ojo tuerto te roban"

Los delitos cometidos por la Alta Dirección sólo representa el 10% de los casos pero puede significar el 75% de las pérdidas económicas por fraudes.



Delitos económicos: "Por el ojo tuerto te roban"

Al Capone, el legendario rey de los bajos fondos, no fue condenado a pena de prisión por asesinato o cualquier otro delito violento, sino por un delito económico. El término “delito económico” se refiere a cualquier delito no violento que da lugar a una pérdida financiera. Éstos, por lo tanto, comprenden una amplia gama de actividades ilegales como fraude, evasión tributaria y blanqueo de dinero; englobados bajo el término fraude para objetos de este artículo.

 

En un mundo global y digital donde la información viaja a través de los continentes en segundos, la proliferación de delitos económicos es un tema de preocupación; y aunque las empresas optan por tender un velo y manejar con gran reserva los delitos de que son víctimas, el problema está ahí y afecta año a año a un alto porcentaje de compañías.

 

Los grandes avances de la tecnología han transformado los flujos mundiales de información y la forma en que se realizan los negocios. Internet y su alcance mundial, la complejidad creciente del sector bancario y otros adelantos han creado nuevas oportunidades para grupos de delincuentes organizados más complejos. La utilización fraudulenta de las tarjetas de débito y crédito, por ejemplo, se ha convertido en un “negocio” globalizado a través del sector bancario electrónico.

 

Son tres los factores comunes que se distinguen cuando alguien comete un fraude; es el llamado Triángulo de Fraude. En primer lugar, la persona necesita un incentivo o presión; como segundo punto, debe identificar la oportunidad de cometer el fraude y, por último, siempre tiene la capacidad de justificar sus acciones.

 

Los delitos económicos son un fenómeno mundial real. Basándonos en la “Encuesta Global sobre Delitos Económicos, 2009 de la PriceWaterhouseCoopers (PWC); a pesar del incremento de las regulaciones y de los controles anti-fraude introducidos por las organizaciones en los últimos años, los delitos económicos siguen siendo una de las principales amenazas para las compañías, sin importar el país, sector o tamaño de las empresas. En consecuencia, ninguna organización es inmune. La muestra para el 2009 fue de 3.037 empresas de 54 países, de las cuales una de cada tres afirma haber sido víctima de delitos económicos en los últimos 12 meses.

 

Los resultados de la Encuesta Global de Fraude 2009-2010 realizada por la firma Kroll y la revista The Economist, establecen que de 10 sectores industriales, la mitad sufrió un repunte en actividades fraudulentas y el resto experimentó una disminución.  El sector de servicios financieros pasó de ser la tercera industria con mayor pérdida por fraude en el 2008 a ocupar el primer lugar en el 2009. Así, por ejemplo, mientras en el 2008 la pérdida promedio por fraude en el sector financiero fue cercana a los US$13.000 millones, en el 2009 llegó a los US$15.200  millones. Le sigue la industria de las grandes superficies y mayoristas con US$12.700 millones.

 

El robo o la pérdida de información han aumentado significativamente, convirtiéndose en la nueva manera de cometer fraude en el sector financiero. El 53% de los encuestados, afirmaron que durante el 2010 tomarán todas las medidas necesarias contra el robo de información, siendo este tipo de fraude frente al cual se prevé mayor reacción en el próximo año, seguido de los controles a las operaciones financieras con un 46%.

 

Por otro lado, las compañías más grandes, con ventas superiores a US$5.000 millones anuales tuvieron pérdidas promedio de hasta de US$25,8 millones, cifra superior a los US$23,3 millones de 2008. En contraste, la situación mejoró para los negocios más pequeños, con ingresos anuales inferiores a US$5.000 millones –cuya cifra descendió a US$4,6 millones, de los US$5,5 millones del 2008.

 

Cuando hay crisis… ¿nos portamos peor?

Como consecuencia de la crisis económica mundial las organizaciones han tenido que concentrarse en adoptar medidas a corto plazo para contrarrestar el riesgo de un posible fracaso empresarial y se han visto obligadas a cancelar programas y proyectos como, por ejemplo, aquellos destinados a evaluar el riesgo de fraude, los cuales constituyen una herramienta esencial para identificar potenciales amenazas de delitos económicos.

 

A nivel global, los fraudes de estados financieros se han triplicado desde 2003; y tuvieron un incremento significativo desde 2007, pasando de 27% a 38%; parecen estar ligados a la crisis financiera reciente, pues según la PWC podría deberse a las presiones que sufren los directivos de las organizaciones para alcanzar los objetivos financieros bajo el contexto actual. Cuando la supervivencia económica está en juego (ya sea de la organización o del individuo), la delgada línea que separa el comportamiento aceptable del inaceptable puede volverse borrosa. De acuerdo con la empresa Kroll Colombia, la recesión en términos generales produce un incremento en el número de fraudes, pero los resultados del 2009 resultan mucho más complejos, pues los sectores económicos hoy son más vulnerables al robo o pérdida de información.

 

En América Latina, la malversación de activos ha sido y sigue siendo el delito económico más frecuente, representó el 74% de aquellas empresas que reportaron algún tipo de delito económico en el último año; un aumento de 2 puntos con respecto al 2007.

 

Pero, se observa que el fraude de estados financieros presentó un incremento de 19 puntos entre 2007 y 2009, alcanzando el 37%; confirmando la afirmación anterior, pues el 55% de las empresas de la región reportó una disminución en los rendimientos financieros durante los últimos 12 meses. Por ello, se debe tomar en cuenta que el fraude no es una amenaza estática, las organizaciones necesitan evaluar sus riesgos de fraude de manera recurrente.

 

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Fecha: 

2010-02-11





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